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Feb 03

A 21 años de su muerte, Oscar Romero será beato tras el reconocimiento papal de su martirio

Aguapey.San Salvador.El Salvador,03.02.2015.El arzobispo de San Salvador, una figura casi mítica, fue asesinado en 1980 por los escuadrones de la muerte mientras daba misa. Francisco dijo que su crimen fue cometido por “odio a la fe”.

La decisión fue interpretada como el triunfo del ala menos conservadora de la Iglesia, después que los sectores más reaccionarios se opusieran a la beatificación.

Sobre el “martirio” de Romero ya se había expresado el Congreso de teólogos de la llamada popularmente “fábrica de Santos”, que hace unas semanas había reconocido “unánimemente” ese sufrimiento y dejado la decisión final en manos del “congreso de los obispos y de los cardenales”.

Esta mañana, como es la praxis, el Papa se reunió con el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, el cardenal Angelo Amato, y aprobó este decreto que da vía libre a la beatificación.

La condición de “mártir” fue la que encontró más objeciones durante este proceso y acabó retrasando y obstaculizando la causa, que con el inicio de Francisco retomó su curso.

“Es providencial que el primer papa latinoamericano beatifique a monseñor Romero”, fueron las primeras palabras del postulador de la causa de beatificación, el arzobispo Vicenzo Paglia, que mañana dará en conferencia de prensa todos los detalles del proceso.

El sector más conservador de la Iglesia consideraba que beatificar a Romero era como llevar a los altares a la Teología de la Liberación, la corriente que nació en Latinoamérica, que se caracterizó por poner a los pobres en el centro de la escena y que miró con alguna simpatía a los procesos de cambios de cambios en la región y hasta a las organizaciones guerrilleras.

Según esta condición de mártir “in odium fidei” que Francisco le asignó a Romero, los teólogos no juzgan la posible intención política del asesinato del arzobispo, sino el intento de llegar al amor por la justicia y la predilección por los pobres que el obispo manifestaba en su idea de Iglesia, según algunos testimonios recogidos en los fascículos del proceso.

La declaración del “martirio” era decisiva para su beatificación, ya que entonces no es necesario reconocer un milagro, mientras que después podría continuar la fase para la posible canonización.

La declaración del “martirio” era decisiva para su beatificación, ya que entonces no es necesario reconocer un milagro, mientras que después podría continuar la fase para la posible canonización.

Será el papa quien podrá decidir si saltar también esta fase y canonizar al arzobispo salvadoreño sin milagros, como es su potestad



El proceso de beatificación se abrió en marzo de 1994 y tras concluirse su fase diocesana, que redacta el informe sobre la vida, en 1997 pasó a la Congregación de la Doctrina de la Fe, donde se estancó hasta el 2005. Con la llegada del papa Francisco, en marzo de 2013, los mecanismos se aceleraron.

Romero fue asesinado el 24 de marzo por el disparo de un sicario, aparentemente ordenado por un escuadrón de la muerte de la extrema derecha, cuando oficiaba misa en la capilla de un hospital para enfermos de cáncer, en los días previos al estallido del conflicto armado que El Salvador atravesó de 1980 a 1992.

Francisco había señalado en agosto pasado que no había impedimentos para la beatificación de Romero, de quien citó en enero parte de una homilía de mayo de 1977.

El paso adelante de hoy, largamente reclamado por la población salvadoreña, fue celebrado por el gobierno de Salvador Sánchez Cerén, por un lado, y por la misma Iglesia salvadoreña, por el otro.

“Es una gran noticia para el pueblo salvadoreño que se haya anunciado el avance en la beatificación de monseñor Romero”, dijo a la estatal Radio Nacional el secretario de Gobernabilidad y Comunicaciones de la Presidencia, Hato Hasbún, para quien fue “una gran decisión” la tomada por el papa Francisco.

Para Hasbún, el pueblo salvadoreño “tiene mucho que agradecerle a monseñor Romero”, que es “una guía en todo sentido” para la población.

A su turno, el Arzobispado de San Salvador escribió en su cuenta de la red Twitter: “Inmensa alegría en Iglesia de El Salvador al conocer decreto de aprobación del martirio de monseñor Romero. Continuemos la oración”.

A esa celebración se sumó el vicario de la Iglesia local, monseñor Rafael Urrutia, para quien la beatificación de monseñor Romero constituye “una victoria de la fe, una victoria de la palabra predicada” por el arzobispo mártir.

El llamado arzobispo mártir nació en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, en agosto de 1917, como el segundo de los ocho hijos del modesto hogar formado por Santos Romero y Guadalupe Galdámez. A los 14 años ingresó al Seminario Menor de San Miguel, donde estudió durante seis años y en 1937 ingresó al Seminario Mayor de San José de la Montaña.

Fue ordenado sacerdote en Roma el 4 de abril de 1942 y continuó en la capital italiana para hacer su tesis doctoral, pero debió volver a su país por la Segunda Guerra Mundial, que entraba en su etapa final.

Fue obispo desde junio de 1970 y en su paso por la diócesis de Santiago de María, en San Miguel, se topó con la tremenda realidad de los campesinos salvadoreños.

Nombrado arzobispo de la capital en 1977, en pleno crecimiento del conflicto interno, Romero creó una oficina de derechos humanos y empezó a denunciar en sus homilías los abuso de militares.

Tras la firma de los acuerdos de paz de 1992, la llamada Comisión de la verdad concluyó que el militar Roberto D’Aubuisson era uno de los autores intelectuales del crimen. D’Aubuisson es el fundador de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), un partido derechista ahora opositor, después de haber sido gobierno 20 años.

El asesinato de Romero, igualmente, nunca fue investigado por instancias judiciales salvadoreñas y sigue en la impunidad, al igual que otros crímenes cometidos antes y durante el conflicto armado interno.

El cuerpo del obispo está sepultado en la cripta de la Catedral Metropolitana, en San Salvador, y el anterior presidente salvadoreño Mauricio Funes (2009-2014) bautizó con el nombre del arzobispo asesinado el aeropuerto internacional capitalino.

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