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Feb 15

Corrientes: Un corso a contramano

Hablando del Carnaval en la ciudad de Corrientes
Aguapey.Corrientes,15.02.2017.Una de nuestras fiestas más populares y grandiosas, deambula por la vida de los primeros días del año, recibiendo palos, cascotazos y todo tipo de golpes, que no hacen más que quitarle ganas de ser disfrutada, por ahora solo por parte del público…pero si esto sigue así, no va a haber quien quiera colocarse una pluma ni mamado.
El Carnaval Correntino pasa por una crisis terminal y tanto expone sus dramas que se asemeja más a un culebrón televisivo de poco rating, que a una fiesta majestuosa.
 
Y hoy, no hay quien no aporte incluso muy buenas intenciones, para que le vaya como el traste.
A veces se nos va la mano con la crítica -fundamentada – respecto a los que desorganizan el evento, o  sobre lo que hace o deja de hacer una comparsa.
Llegan los corsos y no hay pruebas previas, los que desfilan lo hacen con la mitad de su traje, la cancha sigue siendo la misma sin nada nuevo bajo la luna carnestolenda… en fin: nos quedamos mirando la inmundicia y no encontramos soluciones. O ni siquiera las buscamos.
Quizás porque no estaba internet y eran pocos los medios que comunicaban, pero mis recuerdos lejanos del carnaval poco tienen que ver con el actual puterio.
Las fiestas estaban en las tribunas y en la calzada.
Los baches se llenaban con Drácula, El Caú y guerras de nieves improvisadas entre tribuneros que descendian a jugar. Y ni hablar de las siestas con juegos de agua, que también supimos perder.
Un buen día mandaron a las máscaras sueltas a freír mondongo, supuestamente para achicar el espectáculo. Y el espectáculo ahora es más largo nunca.
Cuando el destrato hacia la fiesta se multiplicó, el corso paseó por distintas avenidas como si fuera un okupa que siempre terminaba puteado por el vecino al que le llegaba el evento. 
Hasta que por fin consiguió su casa en la loma de ortolano.
Y allí, donde no jode, le vendieron que le harían una mansión y por ahora solo le armaron una pista que tranquilamente podría ser utilizada por algún piloto de avión que venga medio dormido y la confunda con Camba Punta.
Desde que me acuerdo, el carnaval es mal negocio y todo el mundo lo quiere.
Desde que me acuerdo, el bolonqui del jurado existe, con sospechas de bicho canasto.
Nunca como ahora la gente salió a lucirse, a mostrarse; importándole tres pitos los que bailan a su lado o para su mismo “equipo”.
Cuando uno quiere imaginar que van a soplar nuevos vientos en el Carnaval, lo que viene es un gran viento tipo cola de tornado y te levanta tribunas galpones, kioscos y baños químicos. O te arruina carrozas esplendorosas.
Hasta el clima le toma el pelo al pobre corso: le anuncia lluvias y le termina encapotando el cielo con estrellas. O le llueve antes de arrancar, mojando trajes y dejando al descubierto que el sitio es cualquier cosa menos un Corsodromo.
Mientras la capital nacional sigue pariendo, alrededor del circo le están creciendo los enanos a pasos agigantados: en cada pueblo y paraje hay un espectáculo digno de ser visto. Y ni hablar de los barrios, que ven desfilar entre otros, a esos que el caté supo echar. 
En lugar de buscar culpables y responsables, sería bueno que todo el mundo empuje la misma carroza para que no se quede por el camino.
Qué primero se piense en que es lo que queremos y empecemos a reconstruirlo.
Exigiendo al que organiza. Pero también al dirigente. Al locutor. Al periodista. Al tallerista o modista que curra. Al que no va al ensayo. Al que quiere acompañar al comparsero solo para poder entrar gratis. Y especialmente, al que prometió una casa y no hizo nada por construirla.
El carnaval está plagado de cosas buenas y gente capaz.
Sería mejor que nos amucharamos. 
Dejando de lado diferencias.
Recordando lo que fuimos.
Y pensando en lo que queremos ser .
Para hacer un carnaval grande. 
Y no un corso a contramano./RadioDos.

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