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Sep 04

¿Dónde coño está la ONU?

Por José L. Román

Aguapey.Madrid.España,04.09.2016.Leo en AD que el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, ordenó arrestar a los 31 atletas del país africano que compitieron en Río 2016. La noticia dice que el presidente justificó la detención con la siguiente perorata:

-“Hemos desperdiciado el dinero del país en estas ratas que llamamos atletas. Si no estás listo para sacrificarte y al menos ganar medallas de cobre o de lata (en referencia a la cuarta y quinta posición) como hicieron nuestros vecinos de Botsuana, entonces por qué malgastar nuestro dinero. Si necesitábamos simplemente gente que vaya a Brasil a cantar nuestro himno nacional y mostrar nuestra bandera, hubiéramos enviado a algunas de las hermosas muchachas y apuestos muchachos de la Universidad de Zimbabue para que nos representen. El dinero invertido en el equipo que representó al país podría haber sido utilizado para instalaciones y construir escuelas. Esto es como si un hombre impotente estuviera casado con cinco mujeres ¿Qué sentido tiene? Me aseguraré que todos ellos le devuelvan al gobierno el dinero invertido aunque lleve diez años. Ahora resulta que les dimos un préstamo blando para ir a Brasil como turistas. Son inútiles”.

Y ante esto, díganme, ¿dónde coño está la ONU? Porque, cualquiera medianamente informado, sabrá del despotismo de este sátrapa que se atreve además a dar lecciones públicas de austeridad, llamando ratas y ordenando la detención de los atletas de su pueblo acusándolos de vagos y despilfarradores.

Esta espléndida mansión que muestran las fotografías está en Harare, y es la vivienda del individuo en cuestión. Un sátrapa al frente de un país rico en yacimientos de oro y otros recursos naturales, que condena a su pueblo al hambre y a la miseria, mientras él, avalado, auspiciado, reconocido y apoyado por los “globalizadores”, amasa una de las fortunas más importantes del mundo.

A los españoles se nos pide ayuda una y otra vez a través de distintas oenegés y un vendaval de anuncios televisivos, para paliar el hambre en el continente africano, pero mientras, los sátrapas que allí gobiernan se enriquecen con los recursos naturales que explotan las grandes multinacionales de los países más ricos del mundo, provocando un éxodo masivo de esas poblaciones y la llegada a Europa de centenares de pateras o asaltando las vallas fronterizas de Ceuta y de Melilla.

Robert Mugabe, presidente de Zimbabue y de la Unión Africana (UA), es el mandatario más anciano de Africa; lleva más de 35 años en el poder, primero como primer ministro y luego como presidente, tiempo durante el cual ha dejado como blanco sobre negro, dónde ha quedado aquella imagen internacional de sus primeros años como mandatario cuando se anunciaba que había liquidado el apartheid que sufrían los negros en su país.

Este déspota pasó una década en prisión, se vio obligado a vivir en el exilio y fue uno de los firmantes de los “acuerdos de Lancaster House”, que enterraron a la antigua Rodesia y dieron pie a la nueva República de Zimbabue, que vio la luz en 1980. Exhibía su doble moral declarándose marxista leninista y a la vez católico convencido; buscó el apoyo de China y promulgó la reconciliación racial, permitiendo en principio a los granjeros blancos que siguieran siendo los propietarios de la tierra. Ello hizo que Zimbabue viviera momentos de esplendor económico sobre la base de una sólida agricultura de exportación.

El exguerrillero Mugabe emprendió con éxito una feroz campaña contra el analfabetismo en su país, sin embargo, entre 1982 y 1986 se dedicó a masacrar a los Ndebele, una minoría étnica a la que acusaba de disidencia; se calcula que murieron unas 20.000 personas. Pero fue en la década de 1990 cuando comenzó el verdadero declive de su imagen, lo que muchos achacan a su matrimonio con Grace Marufu, cuarenta y dos años más joven que él y a la que los zimbabuenses identifican con el lujo y el despilfarro.

Posteriormente, el “viejo Bob”, como es conocido Mugabe en su país, promovió de nuevo la expropiación de las tierras a los granjeros blancos. Entre el fervor de sus seguidores y muchas veces de forma violenta, la reforma agraria sirvió para que la mayor parte de aquellas tierras pasaran a manos de familiares y amigos del presidente y miembros del todopoderoso ZANU o partido gubernamental, y la producción y abastecimiento de alimentos cayó en picado, quedando reducido el pueblo al hambre y la miseria.

Como también muestran las fotografías, este es hoy su pueblo. Y mientras todo esto tiene lugar en este rincón de Africa, la ONU sigue lanzando mensajes como este: “Urge más ayuda para Zimbabue; aunque el país africano no vive un conflicto armado, la escasez de alimentos y brotes de enfermedades constituyen importantes retos; seis millones de personas no tienen acceso a agua potable y saneamiento adecuados, lo que contribuye a epidemias de cólera que causan la muerte a miles de personas”. En ningún momento nombran al sátrapa milmillonario que somete a su pueblo, y provoca un éxodo masivo huyendo de la opresión, del hambre y de la miseria.

Esta es una de las realidades que las grandes potencias mundiales ocultan, y que en parte justifica el éxodo de africanos hasta Europa, mientras las grandes multinacionales, que explotan los recursos naturales de aquellos países bajo el control de las principales potencias y los sátrapas, a los que abastecen de armamento, se enriquecen de manera desmesurada mientras los pueblos africanos se mueren de hambre y de sed.

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