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Ene 05

Empedrado celebra desde hoy con música y baile la festividad en honor a San Baltazar

Aguapey.Empedrado,05.01.2017.dsc_3714-copiarEmpedrado comienzan a celebrar a partir de hoy, jueves 5 de enero,  con música y baile la festividad en honor a San Baltazar, cuya adoración popular se remonta en el siglo XIX y permanece inalterable a través del tiempo. El culto a San Baltasar, se caracteriza por la música y la danza.

Los honores al Rey Mago San Baltazar se inician esta noche y continúan mañana 6 de enero, cuando apenas pasada la medianoche comenzará el gran baile popular en su honor, en medio de fuegos artificiales, si las condiciones climáticas lo permiten

Los orígenes del culto de San Baltazar en Empedrado no son claros. Algunos atribuyen su génesis a antepasados afro descendientes del país hermano del Brasil, migrantes provenientes del Paraguay, o a los soldados de Artigas quienes lo habrían dispersado rumbo al exilio de su General al Paraguay entre 1814 y 1820. Por su parte, el antropólogo Norberto Pablo Cirio, argumenta que su origen podría remontarse a la Cofradía de San Baltazar y Animas, creada por el clero de Buenos Aires para negros, mulatos e indios de la ciudad. Aunque esta Cofradía habría sido disuelta en 1856, el culto al Rey Mago Negro se halla plenamente vigente en distintas partes de Argentina, como en Empedrado, provincia de Corrientes, donde toma características propias.

Así, el culto a San Baltazar que se mantiene en Empedrado reproduce una de las más significativas danzas de procedencia Afro Argentina: la charanda o zamba. Se trata de una danza propia y exclusiva de esta veneración y que se practica sólo el día del santo -y sólo en la localidad de Empedrado-, para pedirle favores o agradecerle milagros.

La charanda o zamba esta compuesta por siete breves cantos sagrados -aunque en la actualidad sólo tres se hallan vigentes- cuyos textos se encuentran en español, con vocablos en guaraní y otros de origen y significado dudoso o desconocido, y no poseen metro ni rima que se correspondan con formas poéticas españolas.

Antiguamente los festejos comenzaban el día de Navidad y concluían cerca del 10 de enero. En la actualidad comienzan el 5 y terminan en la madrugada del 7 de enero. El 5 comienza a congregarse gente, se acondicionan los instrumentos, se ensaya la charanda y se adorna la capilla y la cancha. Por la tarde se reza el Rosario con los colores representativos del culto, el amarillo y el rojo. El 6 continúan las mismas actividades y cerca de las 7 de la tarde se realiza la procesión por las calles del pueblo “para que el santo vea”, irrumpiendo en “vivas” y lanzando cohetes en las bocacalles, aunque parando oportunamente para rezar el Rosario. Al volver a la capilla los músicos ejecutan la primer charanda, marcando el comienzo de la fiesta.

ANFITRIONES

La dueña del santo. Adela Buenaventura Pérez (aproximadamente 70 años), soltera, 17 hijos. Nació en Empedrado y heredó los santos y los instrumentos musicales de Paula Pinto Pérez, la segunda esposa de su padre, Ulá Bias Pérez, último Rey de la capilla, ambos negros y primeros dueños de la capilla. Es la encargada de mantener abierta la capilla todo el año. Vive con su familia ahí mismo, ya tiene designado a un hijo suyo como heredero y ella, sus hijos y parientes, también poseen rasgos fenotípicos negros.

La cuidadora del santo. Antonia Selva Guillén (aproximadamente 70 años), casada. Se encarga de todo lo necesario para la realización de la fiesta: adornar la capilla, pedir los permisos municipales correspondientes, solicitar a la policía para que corte el tránsito durante la procesión, conseguir donativos de comida, luces, fuegos artificiales, banderines y contabilizar las limosnas.

La Reina. Como es tradición en las fiestas de San Baltazar, el baile debe estar presidido por una pareja de reyes, que encarnan la figura del santo. En esta capilla sólo quedó vigente el cargo de Reina. Hasta enero de 2000 ella fue Lira Niza García de Clos de Almirón (64 años) quien, si bien estaba consagrada a ese cargo de por vida, en la festa de dicho año abdicó, coronando a Manuela Portillo de Almirón (aproximadamente 40).

Los charanderos. Son los ejecutantes musicales de la charanda. La principal figura fue Rufino Wenceslao Pérez (81 años), fallecido en 1994, soltero y pariente de Adela. Conocía todo el ciclo de la charanda, cantaba y tocaba el bombo infaltablemente desde hacía 57 años. Aprendió los cantos de su abuela, con la que se crió, y fue uno de los informantes más agudos. Los otros charanderos pueden variar de año en año. Entre los más estables se encuentra Emilio, hijo de la cuidadora, que viene todos los años del Chaco, donde trabaja como policía, que toca el triángulo y canta; Nereo Pérez (61 años), sobrino de Rufino, casado, con 3 hijos, que canta, y Luis Mariano López (44 años), en guitarra.

El/la rezador/a. Puede variar. En 1992 y 1994 fue un joven el que dirigió el Rosario en la capilla. En 1993 fue una rezadora profesional y lo cantó a cappella en recto tono.

Los proclamadores. Son dos personas que, por entre las filas de la procesión y alternadamente, alientan a la gente con diversos “vivas”, como “¡Viva el Santo Rey!”, “¡Vivan los promeseros!”, “¡Vivan los Reyes Católicos!”, etc. a lo que todos contestan “¡Viva!”. También tiran cohetes al acercarse a las bocacalles.

Los promeseros. Son los devotos que cada año concurren a la fiesta por diversas promesas o pedidos que elevar, portando en banderola cintas rojas y amarillas, en distinción de su status.

El público. Comprende a todos aquellos que oportunamente se acercan a la fiesta. Sea por curiosidad, turismo, comercio o con ánimo de divertirse bailando, complementan el conjunto de personas que participan en ella.

En el pasado había dos cargos más:

El Rey. Como en muchas otras capillas de San Baltazar, acompañaba a la Reina un Rey, que encarnaba la figura misma del santo. Aquí, el último fue Ulá BIas Pérez, padre de la dueña del santo, de rasgos fenotípicos negros y que reinó hasta aproximadamente mediados de los ’60. Ulá era su nombre religioso y Bias su nombre civil.

La bastonera. Hasta aproximadamente los ’60 la charanda era dirigida por una bastonera, quien mantenía el orden y marcaba las evoluciones de la danza, conforme a los bastoneros de nuestros bailes criollos de salón del siglo XIX. En la época de esta mujer la coreografía era diferente a como se realiza hoy en día. Cuando falleció no fue reemplazada, no pudiéndose precisar si ello fue el motivo del cambio coreográfico.

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