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Feb 24

Increíble hallazgo debajo de un local de comidas rápidas en Italia.

Aguapey.Roma.Italia,24.02.2017.media-photo_58ae9d4efc34787c07f61f59_640w (1)media-photo_58ae9d4dfc34787c07f61f56_640wEn medio de una re-modelacion en una ciudad cercana a Roma, los obreros encontraron algo insólito que sorprendió a todos y según los expertos data del siglo II a.C y se encuentra intacto.

Los habitantes de la ciudad de Marino,a 21 km al sur este de Roma, jamás imaginaron lo que encontrarían debajo de un local de la cadena de comida rápida McDonald’s , un tramo de una calle romana del siglo II a.C , que estaba intacta pero sepultada.
Se trata de una calzada de 45 metros de largo y más de dos metros de ancho, completamente pavimentada y en perfecto estado de conservación. El descubrimiento se dio durante los trabajos de restauración de un edificio para abrir un McDonald’s en la zona urbana del gran Roma .

También se encontraron tres esqueletos de hombres y canales para el drenaje de agua. Según los expertos, probablemente haya sido algún “divertículo” de la Via Appia que conducía a la mansión de algún noble del lugar.

“Lamentablemente quedó solo este tramo, el resto fue destruido. Pero la prueba histórica es muy importante: la Via Appia, de hecho, además de los apasionados del Circo de Tiberio, fue transitada por personajes célebres, como Orazio, quien habla de su viaje desde Roma a Brindisi en la quinta sátira. Debemos imaginar que vio y recorrió estos territorios, así como más tarde, en el año 61 d.C, lo hizo San Pablo que llegaba desde el campo”, dijo la representante de la Superintendencia Arqueológica para el Área Metropolitana de Roma, Alfonsina Russo.

Al momento, los trabajos de restauración dirigidos por la Superintendencia y financiados por McDonald’s Italia (300 millones de euros) vienen dejando la calle intacta, incluso con las marcas de los carros que recorrieron sus muros de piedra. Todo un hallazgo arqueológico.

Y sobre los esqueletos, Pamela Cerino, la arqueóloga responsable de la excavación, explicó que se trataban de tres hombres, el mayor de ellos de unos 40 años. Este último tenía en la boca un óbolo de Caronte, la moneda que los muertos pagaban para cruzar hacia el reino de las montañas.

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