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Abr 29

La guerra que comenzó EE.UU. en Irak, que no tiene fin.

 Aguapey.Bagdad.Irak,29.04.2016.Una derrota del Estado Islámico (EI) promete no ser el final de la guerra en este devastado Irak. En los últimos meses aumentaron los enfrentamientos entre las fuerzas kurdas y las milicias chiitas, otrora aliados contra el grupo yihadista, reavivando temores a una partición del país que muchos consideran inevitable.

Desde que en 2003 Estados Unidos provocó la caída del secular régimen sunnita del ex presidente Saddam Hussein, Irak se desangra en un conflicto entre grupos religiosos, étnicos y políticos.

Miles de desplazados se ven obligados a abandonar sus hogares y refugiarse en áreas de sus comunidades. Los iraquíes ya enfocan su atención en esta región de Kirkuk que, entre tantas otras, podría ser el siguiente campo de batalla, quizás el último, que selle el fin de un Irak unido.

La tensión se palpa en Tuz Khormato, una ciudad a 180 kilómetros al norte de Bagdad, cercana a Kirkuk, una región muy rica en petróleo. La localidad, con una población estimada en 120.000 personas, está habitada tanto por kurdos como por turcomanos y ambos la reivindican como propia. Exclusivamente propia.

Desde el 2015 esa reivindicación se transformó en una guerra abierta.

A mediados del corriente mes, un enfrentamiento que duró apenas un fin de semana bastó para dejar casi 40 muertos y decenas de heridos en esta ciudad.

Una pareja de ancianos se acerca al frente. Él vestido con una impecable túnica blanca. Ella, de negro de pies a cabeza, cuidando ocultar bien su cabello. Sonríen, presumiblemente no por felicidad sino para agradar a los soldados kurdos que fuertemente armados montan guardia 

Los ancianos se acercan a pedir permiso para pasar al otro lado de la línea, a los escasos 100 metros que dividen a las fuerzas kurdas de las milicias turcomanas chiitas. Una zona en la que quedó atrapada la propiedad de los ancianos, ambos turcomanos, quienes aseguran solo querer verificar si la misma resultó afectada durante enfrentamientos ocurridos esta semana.

“Hoy todo está tranquilo”, confió a Télam el guardia Zuhdi Latif Sharif, un soldado “peshmerga”, como se denominan a las fuerzas kurdas, y que significa “quienes enfrentan a la muerte”.

Los dos ancianos son autorizados a pasar, pero solo después que los soldados se aseguran que no llevan teléfonos ni ningún aparato que permita tomar imágenes que podrían servir para informar a las milicias chiitas de las posiciones kurdas.

No corren esa misma suerte dos jóvenes turcomanos que llegan unos minutos después. Dicen ser los sobrinos del anciano que acaba de pasar y quieren acompañarlo. Los peshmergas desconfían. Los jóvenes deben volver sobre sus pasos.

“Hoy está todo tranquilo”, insiste Sharif, quien lleva a Télam detrás de un alto muro de hormigón armado, como tantos otros desparramados por todo el país, acostumbrado a coches bombas y tiroteos.

Bajo la protección del cemento, sobre la vereda, los peshmergas despliegan prolijamente una alfombra y almohadones sobre los que se recuesta Zuhdi, no sin antes descalzarse.

Son las dos de la tarde. En veinticinco minutos, el soldado kurdo descubrirá que estaba muy equivocado.

Dos estallidos sacuden los edificios y la alfombra. Sorprendidos, los peshmergas se calzan y rápidamente toman sus armas. Los tiros de mortero caen sobre un enorme silo controlado por los kurdos a poco más de un kilómetro de su posición.

Debido a su gran altura, es un punto estratégico desde dónde acechar la ciudad y sus alrededores. Los tiros de mortero son seguidos por ráfagas interminables de todo tipo de fusiles.

Es muy peligroso aventurarse al otro lado de la ciudad para escuchar la versión chiita.

“Hay violadores del cese al fuego en ambos lados, kurdos y turcomanos”, dijo por teléfono el portavoz de las milicias chiitas de las Fuerzas de Movilización Popular, Karim Al-Nuri, en alusión a una tregua ya malograda que las partes preveían renovar esta semana.

“Esta lucha entre nosotros sólo beneficia y refuerza la posición del Estado Islámico. La única salida es un acuerdo entre las dos partes. Pero si alguien quiere expandir sus fronteras derramando sangre, eso es un gran error y no lo vamos a permitir”, agregó Al-Nuri, acusando a los kurdos de querer agrandar su territorio.

El combate continuó hasta el amanecer del martes pasado y se llevó la vida de un civil y dejó 17 heridos, entre ellos siete peshmergas.

A pesar de contar con el auspicio de las autoridades de Bagdad, las Fuerzas de Movilización Popular no forman parte del Ejército regular iraquí y están compuestas por decenas de grupos diferentes, en su gran mayoría chiitas aunque hay también brigadas cristianas, cada una con estructuras propias y no necesariamente coordinadas, lo que dificulta realizar acuerdos duraderos.

La creciente violencia en Tuz Khormato tiene en vilo a los civiles, muchos de los cuales ya decidieron desplazarse a otras zonas o ciudades más seguras.

“Algunas familias ya se fueron de la ciudad. Solo los hombres se quedan”, dice Nahro Logman, un joven estudiante kurdo de 25 años.

“Para nosotros, el Estado Islámico y las milicias chiitas son la misma cosa. Tuz Khormato es un segundo Kobani”, agrega Nahro, haciendo referencia a la ciudad kurda de Kobani en Siria, junto a la frontera turca, que fue asediada y luego tomada por el grupo yihadista durante más de seis meses a finales de 2014 y provocó la huida hacia Turquía de casi 400.000 kurdos.

“Tengo 54 años, viví casi toda mi vida aquí en Tuz Khormato y siempre hubo tensiones. Pero últimamente empeoró”, dice Qassem Salih apoyado sobre la pared de uno de los pocos comercios abiertos en la ciudad, a solo 600 metros de la línea de fuego.

Las calles que dividen a las dos comunidades están alfombradas de vainas de bala. “Ya no hay relación entre nosotros y los turcomanos”, agrega Qassem.

El dueño del comercio se llama Mustafa Farhad. Tiene 21 años y lo único que lo hace sonreír es que los negocios van bien para él ya que el bazar curdo está completamente cerrado. Sus calles son vigiladas por francotiradores chiitas que disparan a lo que se mueva, incluyendo periodistas.

“La gente tiene que venir a comprarme a mí”, dice Mustafa consciente de su cinismo. “Antes los turcomanos y nosotros teníamos un mercado en común. Pero cuando la lucha comenzó los comerciantes kurdos vinieron a este lado. Ahora cada uno tiene su bazar en su sección”, explica Mustafa y agrega “si la situación sigue así seguramente nos iremos”.

“Las milicias chiitas todavía no atacan con toda su capacidad porque aún están lidiando con el Estado Islámico. Cuando esa lucha se acabe serán más agresivos”, predice Qassem. “Esto es el principio de una nueva y más grande guerra”.

El acuerdo de cese al fuego previsto para esta semana todavía no fue firmado y, probablemente no lo será nunca. Esa es la situación hoy. Todos contra todos. Y nadie cede.

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