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Jun 22

Monseñor Arancedo: Jesucristo nos llama a ser discípulos en un mundo tan herido, pero tan necesitado

Aguapey.Tucumán,22.06.2016.El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, destacó que lo importante del reciente XI Congreso Eucarístico Nacional fue “renovar nuestra mirada de fe en la presencia de Jesucristo en la Eucaristía, que nos acompaña y nos sigue llamando para hacernos sus discípulos en este mundo tan herido, pero tan necesitado de testigos que le manifiesten la bondad y la belleza del Evangelio del amor y la fraternidad”

El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, destacó que el XI Congreso Eucarístico Nacional tuvo como objetivo “testimoniar a Jesucristo, presente en la Eucaristía, en el marco del Bicentenario de la Independencia”.

“Dos realidades que debemos distinguir, pero que han tenido una profunda relación desde los primeros pasos de nuestra identidad como Nación. La fe no estuvo ausente en aquellos congresistas de Tucumán. Es más, la fe era para ellos una riqueza que sostenía sus anhelos de independencia y de unidad junto a sus diferencias. Ellos amaban a Dios y amaban el suelo de su Patria naciente. No había contradicción, ni tampoco conflicto entre estas dos dimensiones que hacían a su pertenencia de hombres de fe católica y de compromiso patrio”, aseguró.

El prelado pidió tomar como ejemplo a Jesucristo que “amaba a su Patria, Jerusalén” y consideró que a los argentinos les hace “bien esta actitud de dolor de Jesús por lo que aún nos falta de honestidad y justicia, de solidaridad y trabajo, de respeto por la vida y reconciliación”.

“El espíritu de estos valores ha sido recogido en la Constitución de 1853, cuando sobre el fundamento de Dios al que designaron ‘fuente de toda razón y justicia’, la Patria naciente se abría a ‘todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino’”, subrayó y agregó: “Nada más alejado de una auténtica fe en Dios que poner muros en lugar de tender puentes. La fe, al tiempo que nos compromete en lo concreto de este suelo, me purifica de todo fanatismo que me encierre en sus pequeños límites. La fe cristiana manifiesta, junto al amor y el compromiso con la Patria, una apertura fraterna”.

Monseñor Arancedo sostuvo que lo importante del congreso eucarístico fue “renovar nuestra mirada de fe en la presencia de Jesucristo en la Eucaristía, que nos acompaña y nos sigue llamando para hacernos sus discípulos en este mundo tan herido, pero tan necesitado de testigos que le manifiesten la bondad y la belleza del Evangelio del amor y la fraternidad”.

“¡Que sepamos, Señor, reconocerte en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía en el que te has querido quedar como alimento de nosotros, y en la presencia de mis hermanos! Ella es el pan que nos hace hermanos. Necesitamos volver nuestra mirada a Jesucristo para encontrar en Él el sentido pleno de nuestra condición de hijos de Dios y hermanos entre nosotros. El Padrenuestro es la oración dominical del cristiano. Jesucristo nos llama a ser protagonistas de una civilización fundada sobre el amor y la fraternidad”, concluyó.

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