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Ene 04

Paso a paso: La transformación de un edificio patrimonial correntino

Aguapey.Buenos Aires,04.01.2017.En Corrientes, un edificio de 1920 fue convertido en centro cultural y religioso luego de una intervención respetuosa del patrimonio histórico.

Fue Conservatorio de música, vivienda y sede de Acción Católica Argentina. Varias vidas pasaron por esta casa en esquina a la que la municipalidad de la Ciudad de Corrientes le otorgó la protección estructural por su valor patrimonial. La última de ellas nació en 2015, cuando el Arzobispado de Corrientes les encomendó a las arquitectas Mabel Fiat y Gilda María Buzzi la tarea de convertirlo en un Centro Cultural y Religioso.

“Tupasy”, tal el nombre del nuevo espacio, funciona desde 2016 como lugar de encuentro para la comunidad correntina, y por su ubicación e importancia es un eslabón del eje cultural conformado por la iglesia San Francisco, el Teatro Vera, la Catedral y los museos Histórico y de Bellas Artes.

Las arquitectas comenzaron por hacer una evalución de las características del edificio y su situación al momento de recibir el encargo. Así, reconocieron su estilo ecléctico con elementos mudéjares, como los muros filigranados en la ochava, los arcos califales, los capiteles y rosetones. “El estado inicial presentaba un deterioro avanzado, con daños estructurales”, subrayan Fiat y Buzzi. Las proyectistas encontraron grietas y humedades en muros, desprendimiento de revoques y elementos decorativos en la fachada. Además, la cubierta era irrecuperable y las carpinterías estaban muy dañadas. El interior, de una arquitectura muy simple, presentaba roturas en revoques, pisos, cielorrasos y carpinterías, con una importante degradación provocada por la humedad. Por otra parte, la instalación eléctrica había quedado obsoleta, mientras que el patio estaba invadido por las malezas.

Previo a todos los trabajos, se ejecutó un sistema estructural para arriostramiento y estabilización de muros perimetrales con columnas y vigas de hormigón armado. El siguiente paso fue la demolición de los muros interiores, – “algunos los tocabas y se caían”, señala Fiat- previo apuntalamiento del techo. Luego se reemplazó la totalidad de la cubierta por una de chapa de hierro galvanizado con estructura metálica (cabriadas y correas) y aislación térmica (espuma aislante aluminizada).

Por otro lado, se aplicaron rejillas para permitir la circulación del aire y la evaporación de la humedad en los muros exteriores y se limpió con hidrolavadora la fachada, en donde se repararon las fisuras y se repusieron los revoques y ornamentos.

Además de la puesta en valor de su condición patrimonial, Fiat y Buzzi se propusieron dotar de fluidez espacial a todo el inmueble. Lo lograron conectando los accesos con las áreas de recepción, el patio y el salón comunitario con capacidad para 200 personas. En tanto, la planta alta se amplió para ubicar allí las oficinas administrativas “sin afectar la fachada”, explican las autoras. Esto fue posible con la introducción de una estructura de hormigón con entrepiso de losa alivianada, dentro de la caja muraria existente. Además, se recuperaron las carpinterías, el cielo raso del hall de acceso y el revestimiento de mayólica.

En cuanto a la nueva función del inmueble, más abierto al público, se mejoró la accesibilidad con la modificación de la fachada para permitir la istalación de un elevador y se abrieron nuevos vanos. El último paso fue la iluminación, flexible según las áreas: escenográfico en las fachadas y de realce en áreas de recepción y patio./diario Clarín 

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