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Dic 11

Poemas y canciones de Bosquín Ortega. Homenaje a Ramón Ayala y al poeta fallecido Aledo Luis Meloni.

HOMENAJE A RAMÓN AYALAimages
Fluyen los años por el río del tiempo y su amistad sin riberas, sigue viva. Ama el Chaco, lo visita a menudo y frecuenta a sus amigos. Su rasguido doble El Cosechero – ya himno elegido por el pueblo- lo escribió y compuso en la casa de Marcial Suárez, en Barranqueras, mientras miraba a los peones braceros llegar de Corrientes para la cosecha del oro blanco, el Mandiyú de la tierra chaqueña, en Sáenz Peña. Para Ramón Gumercindo Cidades, su nombre real, nativo de Garupá, y María Teresa, dama del Paraguay, mi homenaje de gratitud a su persona fraterna y a su obra sustantiva, legado de Argentina para su travesía a pie y guitarra al hombro, durante diez años, por Europa, Medio Oriente y China, cantando y pintando, a la manera de un juglar, y que luego recogiera en sendos libros de viajes. ¡Salud, Ramón Ayala, Marco Polo del Paraná! RAMÓN DEL CAMINO Rumbo al mundo con mbaraká lleva huella de caacupé, gaucho del cosmos y de acá, viaja su canto aváñeé. Lleva el aura de Ñamandú y un zorzal korochiré, la senda del Tapé Avirú y el Árbol con Luz de la Fe. Canta ya, Ramón del Guarán, casi un santón, casi un chamán, con tu voz de sonar mensú y de solar poeta guazú. Toca ya, Ramón Caraí, con tu son de Guacurarí, sos cantor del pueblo de Avá, hijo de amor por Garupá. A pie, rumbo a Ivymaraeí, busca al hombre yarakuá, hacia pueblos del mombyry: Marco Polo del Paraná. Todo un patriarca Yopará que habita un reino de Tupí, Cidade, linaje cambá, y un asombro de mainumbý. Bosco Ortega Vocabulario: Mbaraká: Guitarra. Caacupé: Peregrino, en sentido religioso. Aváñeé: Lengua del hombre guaraní. Idioma de la tierra natal. Ñamandú: El primero, el origen, el principio. El Dios Creador o Hacedor. Korochiré: El Zorzal Profeta. El Cantor. Tapé Avirú: Camino prehispánico, en busca de la Tierra sin Mal. Guarán; Apócope de Guaraní. Chamán: Sabio con propiedades curadoras. Hombre con diversos conocimientos terrenales y celestiales. “Guerrero que practica para ser libre”. Mensú: Hombre que recibe un pago mensual. Guazú: Grande. Caraí: Señor. Guacurarí: Apellido del Comandante Andresito. Avá: Hombre de la tierra. Garupá: Pueblo natal de Ramón Ayala. Yvimaraeí: La Tierra sin Mal, del Tupí Guaraní, equivalente al Paraíso Terrenal Cristiano. Yarakuá: Hacer o buscar la sabiduría y el saber. Kuaa (saber) y Ra (crear). Mombyry: Lejos, lejanía. Yopará: Mezcla de castellano y guaraní. Tupí: Sinónimo de Guaraní, lengua que concentra a 53 lenguas macrotupí. Cidade: Apellido genealógico de Ramón Ayala. “Ciudad”, en portugués. Cambá: Moreno o morocho. Mainumbý: Colibrí, pájaro de la mitología guaraní que llevaba el néctar en su pico a los labios de Ñamandú.
 
 
A DON JOSÉ LARRALDE
Coplas por milonga
A José Teodoro Larralde Saad (22-10-1938)
Del fondo del tiempo humano viene su eterno saber y del pampa castellano la savia gaucha del ser. Verbo preciso y desnudo, salmo, proverbio y refrán, tan sustantivo y agudo, como el sentido del pan. De La Biblia y el romance, saca su copla de luz, aunque el Martín Fierro alcance, lleva a San Juan de la Cruz. Canta el oro de la lengua y aquel sonoro esplendor, el brillo criollo no amengua en su crisol de rigor. Liturgia de seis cuerdas, profecía y clamor, verdades lentas y lerdas, clave de bardo cantor. Sus pensares sin reverso, hueso y legua, rumbo a Dios, paisano del Universo, galopa hacia el hombre en pos. Ahí va, don José Larralde, un sabio poeta, de acá, ni una palabra de balde, honda y profunda, será. Letra y música: Bosco Ortega
 
ELLA
Canción
Yo no puedo, ni podría, vivir un instante sin ella, no sería en el futuro porque no hay presente sin la presencia de Ella. Los padres que me engendraron y los que me continúan conocen de su belleza porque estuvo en sus cuerpos desde el origen de todo. Que sería de mí sin el aliento de Ella, maduro a la intemperie de una herencia, llamada vida sin el abrazo de Ella. Cuando me golpearon al pecho, como a César Vallejo, Ella padeció conmigo y cuando quise renunciar Ella fue la voz de Dios. Cuando amaba a mi mujer y con Ella fundábamos hijos, su alma nos abrazó el alma y fuimos semillas de humanidad. En el misterio del silencio comprendí que soy con los otros, porque Ella sigue cantando la energía planetaria de los himnos y sus pueblos. Así alimento a la vida mientras fecundo mi muerte: yo, un hombre para el polvo, no soy memoria sin Ella; yo, un credo y un designio, no soy memoria sin Ella; yo, un hombre para el cosmos, no soy memoria sin Ella sin vos, hermana mía, sin vos, esposa mía, sin vos, amada mía, mi patria eterna: poesía. Letra y música: Bosco Ortega
 
ABALORIOS
A Miguel Ángel Molfino Gianetti
El poeta cuando descubre la lucidez de las visiones lo signa a muerte el agonismo de la poesía. Estará expuesto a toda maravilla. Hasta reconocer a Dios. El suicida dejó una libreta de citas. Nadie reparó en ella. Un niño la recogió y nunca supo, hasta después de años, si había heredado una brújula de vigilias o una piedra filosofal: “La poesía es la síntesis del relámpago, respiración que se traduce. Un sentido del misterio”. Escribe, dijo el maestro, y trazarás un vuelo de oro en la memoria o en la arena. Es urgente escuchar más allá de la palabra. La idea suele ser apariencia del sonido. Lo esencial llama a silencio para hacerse escuchar. La poesía se asemeja a un diamante surgido. Hay que pulirlo, paciente, hasta que brote el fulgor de su adentro. Un día, prefijado, muerte y poesía se encontraron frente a frente. “Obedéceme y ríndete”, dijo la muerte. “Hágase el Verbo”, dijo la poesía. Y la esclavitud fue abolida. El presente, la única certeza. Cuida tu sombra, vela tu palabra. Aquel indio detuvo su mano alfarera sobre el barro despierto: la palabra es arcilla en la lengua de Dios. Richard Burton, histrión, pidió ser enterrado junto a un libro de Dylan Thomas. El sepulturero confesó escuchar conversaciones de dos buenos amigos que dialogaban, sin apuro. Amada poesía, placenta del infinito que alumbra un hombre. El Otro es quien gira la página de cada día. Libros inconclusos, en trance de escribirse. ¿Estado de gracia? ¿Mérito del oficio? ¿Rabdomancia del signo? ¿Demiurgia del alfabeto? ¿Alquimia del vocablo? Esfuerzo del silencio que logra vislumbrar en la línea virgen El jardín de las delicias, de Jerónimo Bosco, la jungla cromática del aduanero Rousseau o la pérdida definitiva del hilo de Ariadna que lleva a la realidad. Bosco Ortega
 
EL MOISÉS DE HARLEM Blues Él viene, escucha sus pies, llega el Hermano Martín, resplandor de aquel Moisés, vuelve el pastor, Luther King. Escuchen, Georgia y Alabama, Memphis y Virginia del Sur, su palabra ya proclama el retorno de Jesús. Escuchen, sufrido y fraterno, el blues del Missisipí, frente al poder del infierno, ora como en Getsemaní. De Harlem, la misma voz que resonó en Madián, arde la zarza de Dios y resiste al Kuku-Klan. Él viene de donde vino el primer hombre del mundo, que hizo origen y camino con el ancestro rotundo. Frente a los tonos del trigo, del carbón y del arroz, ya sin matices mendigos, somos del color de Dios. Deseamos del Universo el arco iris del Creador, pintor distinto y diverso, su alianza de luz y amor. Miren, fulgurante, lo veo, al pueblo marchar de pie, símbolo del camino hebreo, tras de su patria de fe. Lleva la antorcha encendida, lucha de ahora, hasta el fin, por la tierra prometida, marcha el Hermano Martín. Aunque el mundo se acabara mañana, y al sol salir, reguemos él árbol para honrar al Moisés Martín. Letra y música: Bosco Ortega
 
 
3 DE DICIEMBRE:
SAN FRANCISCO JAVIER FIEBRE DE LUZ
Canción Tras otras huellas y en otras olas, toma la estrella del gran Loyola: desnuda y pura, aguda y dura que lleva a Jesús. A Oriente parte su primavera, alma estandarte y misionera: nunca naufraga, las cinco llagas, su rosa de cruz. Arder en todo, causa de lumbre, enciende el lodo, fuego en la cumbre: la carne inmola y prueba sola la fiebre de Luz. Francisco Javier, tributa dolor de llaga y deber al Verbo de Amor: Sangre y Cordero, hombre y madero, mártir por Jesús. Letra y música: Bosco Ortega
 
 
ORFEBRE COPLERO
A Aledo Luis Meloni
Usted, el ya nunca oscuro, tampoco, el enceguecido, el de la luz esculpida, el de forjado sonido. Voz de medido temblor, humilde aroma a pesebre, madura alquimia serena, crisol, elemento, orfebre. Un Machado del Gualamba, el maestro de San Antonio, el del aliento ascético, como del Deuteronomio. Una tristeza impalpable lo levita del paisaje, es la nostalgia de Dios su ontológico tatuaje. En su trama de silencio una cábala de grillo, que mientras calla traduce su latido más sencillo.

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