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May 03

Prosegur, no fueron narcos: Fue una inversión en geopolítica sudamericana

Aguapey.Asunción.Paraguay,03.05.2017.Las primeras noticias del cinematográfico asalto en Ciudad del Este a la empresa española de seguridad privada Prosegur están más llenas de fábulas de película que de hechos, con varias imprecisiones.

Se habló de un robo de 30 millones de dólares, cuando en realidad fueron 9 millones, aunque diarios argentinos informan de apenas 6 millones. Se afirmó que los responsables fueron el Primer Comando de la Capital (PCC) de San Pablo y el Comando Vermelho (CV) de Río de Janeiro, dos ciudades alejadas 358 kilómetros  entre sí, actuando en una tercera ciudad de otro país, a más de 800 kilómetros de distancia. En realidad, ambos cárteles están peleados a muerte, con fuertes antecedentes de guerra y matanzas penitenciarias recientes (Roraima, Rondonia).

El PCC habría sido fundado en los años 70 y 80, cuando en realidad nació en 1993. Se dijo que los policías de Ciudad del Este no tenían balas, cuando en realidad decidieron (inteligentemente) no disparar.

Es más útil estudiar el componente militar del ataque, en virtud de las características de alta organización, coordinación y capacidad técnica utilizadas y prestar especial atención a la conexión local. Pedro Juan Caballero es el mayor centro del tráfico de drogas en América del Sur. Fronteriza con Brasil, la ciudad asiste a una disputa por el control de la plaza protagonizada por franquicias locales afiliadas al PCC y al CV de Brasil. En este contexto menor, el asalto podría ser expresión de una disputa aumentada por el control de la plaza, una muestra de fuerza que no podría sustentarse sin apoyos externos fuertes y mejor organizados. Este componente local puede ser necesario, pero no es suficiente para comprender lo sucedido.

Ciudad del Este quedó sacudida por vehículos incendiados, francotiradores, explosiones de C4, fusiles antiáreos, transportes blindados y 50 hombres centralizados y conducidos. Una acción muy organizada, y sobre todo muy cara, de carácter militar más que propia del narcotráfico.

A pesar de las afirmaciones de que este mega-asalto es similar a las tácticas utilizadas en Brasil por el PCC, el narcotráfico no es proclive a las grandes operaciones y no tiene capacidad (ni interés) de ejecutar operaciones tan precisas y rotundas. El narcotráfico actúa por retaliación o autodefensa, no mediante agresión ni afinidad con acciones de “primer golpe”. En México, sólo Los Zetas realizaron acciones incluso más espectaculares, mostrando así el ingrediente militar de su organización y su estrategia.

Por otro lado, el dinero no es una necesidad perentoria para las organizaciones del narcotráfico, y menos su logro a través de operaciones tan onerosas y arriesgadas. Un reparto democrático de 6 millones de dólares apenas dejaría 120 mil dólares a cada uno, sin contar gastos. El atraco a Prosegur no dejó ganancias para nadie.

La profunda distancia entre los recursos invertidos y el logro alcanzado implica que el resultado buscado se debe leer más en términos políticos que económicos. Una lectura política obliga a establecer la vinculación entre la conexión local y la geopolítica más general, nacional y global.

Ciudad del Este está en el corazón de la Triple Frontera, zona de residencia habitual del concepto de Estado fallido y sus contrapartes de terrorismo fundamentalista islámico. En esta región tan geopolíticamente sensible al Comando Sur y a la nueva política exterior republicana, el ataque a Ciudad del Este califica con creces para la resucitación del concepto de “failed state” (Estado fallido), ahora sin terroristas extraños y más cerca de narcos propios del cono sur.

El componente local, sea en manos de narcos que disputan el control de la plaza afiliados a cárteles brasileños, o como voceros armados de una guerra digitada por el gobierno paraguayo al estilo del mexicano Felipe Calderón, sólo parece funcionar en esta ocasión como la mano de obra descartable de operaciones de alta inteligencia global. Rápidamente, algunos de los detenidos entre los 50 atacantes manifestaron su pertenencia a cárteles del narco brasileño, escapando de forma precaria a pesar de haber protagonizado un mega-asalto de características espectaculares y haber operado “con la precisión y audacia de quienes tienen entrenamiento militar”, un probable formato de trabajo de franquicia armada narco al servicio de operadores militares entrenados bajo conducción de inteligencia política. Las alertas emitidas en febrero de 2017 por la Policía de Montevideo ante probables ataques armados de grupos narcos actuando en forma coordinada (una posibilidad totalmente alejada de las posibilidades criminales), pueden leerse ahora bajo una nueva luz.

La política exterior americana en la nueva administración republicana está salpicada del bombardeo con misiles a Siria, la presión naval sobre Corea del Norte, la disputa con Rusia, la insistencia en la construcción del muro fronterizo con México y la deportación de inmigrantes. Su reiterado carácter impredecible puede volverse un elemento altamente peligroso para las frágiles democracias del Cono Sur sudamericano.

Miguel Ángel Barrios
Norberto Emmerich

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