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Oct 16

San José Gabriel del Rosario Brochero

Aguapey.Buenos Aires,16.10.2016-El Padre José Gabriel del Rosario Brochero es el primer santo argentino que nació, vivió y murió en nuestra Patria Argentina.

La canonización del Padre Brochero es un acto de estricta Justicia y reconocimiento por haber sido el paradigma de lo que debe ser un sacerdote católico y un auténtico patriota. Y esto hay que enfatizarlo con honda alegría frente a nuestra triste y crítica realidad que desampara hondamente al hombre, porque en la cultura post moderna los refugios tradicionales ya no ofrecen amparo y muchas veces aparecen desacreditados. La Iglesia siempre fue el primer refugio. La política carece de visión y cada vez se identifica más con el egoísmo, el materialismo y la inédita corrupción. Sin embargo los aires del ayer que aclaran y fortalecen las fibras de cada día, como el aire de la huella ejemplar que dejara Brochero, nos permiten plantar la roca firme de la esperanza que sólo se logra en la humildad y el Amor.

Brochero desde estudiante manifestó un hondo sentido de entrega y responsabilidad. En 1869 asumió el extenso curato de San Alberto de 3.336 kilómetros cuadrados en plena Altas Cumbres con más de 3.000 metros de altura. Con sede en Villa Nuestra Señora del Tránsito, hoy Villa Cura Brochero,  donde pudo comprobar que sus 10.000 habitantes vivían en lugares dispersos, sin caminos, sin escuelas, sin capillas, sin comunicación. El estado de indigencia y de moral de sus habitantes era doloroso y clamoroso. El Padre Brochero no se amilanó, su corazón apostólico palpitó con la fuerza del Espíritu  y desde ese momento dedicó su vida con una entrega plena a llevar y enseñar el Evangelio, a educar y a darle dignidad humana a su gente. Levantó escuelas y capillas. La famosa Casa de Ejercicios Espirituales, el Colegio de Niñas. En plena sierra, teniendo como terreno piedra dura y escarpada, a pico y pala,  hizo los primeros caminos para unir las distintas Villas y a la ciudad de Córdoba. Construyó puentes y represas, el Dique la Viña es una realidad de su esfuerzo, sembrando alevinos de peces y dando regadío a la tierra para sus cultivos. Y todo lo hacía con la colaboración de sus feligreses a quienes los animaba con sus famosos cuentos y las oraciones que alimentaban los ecos de los valles. Logró el telégrafo y una sucursal de Correo. Sus permanentes reclamos posibilitaron la creación de una sucursal del Banco Nación en Villa Dolores y el tan anhelado ferrocarril. Gracias a sus esfuerzos consiguió que las Esclavas del Sagrado Corazón fueran las primeras monjas educadoras que se hicieron cargo del Colegio de Niñas en Tránsito, como así, maestros para las escuelas. Tanto la Casa de Ejercicios Espirituales como el Colegio de Niñas, fueron declarados Monumentos Nacionales por Decreto presidencial del Teniente General Juan Domingo Perón, el 9 de mayo de 1974. Sería muy extenso historiar la vida de este fiel testigo de Cristo y de la Patria. Sólo voy a exponer algunos ejemplos que marcan la impronta de su santidad:

En el volumen II de la Positio sobre el Padre Brochero, se lee en las páginas 135 y 136 lo siguiente: “Siendo yo una niña, mi madre se puso muy grave. Nuestra angustia era muy grande, porque éramos huérfanos de padre. Estando ya mi madre en estado de coma, una tía lo invitó a Brochero que la visitara en aquel angustioso estado. Llegó a casa y nos encontró a todos los hijos, bañados en lágrimas y rodeando la cama de mi madre. Nos echó a todos afuera. Yo por ser muy curiosa, me quedé cerca para observar. El Padre Brochero tomó su Rosario,  y comenzó a dar vueltas. Luego se acercó a mi madre y la increpó: “Oiga, misia Elina, levántese,  qué, ya no me va  hacer las empanadas tan ricas, que de vez en cuando, me envía?”. Mi madre continuó en estado de coma. Brochero la tomó de la mano y le dijo: “En nombre de Dios, te mando que te levantes!”. Mi madre reaccionó y se puso buena. El Cura Brochero quedó en casa tomando mate. Nuestra alegría fue muy grande. Nos devolvió a nuestra madre que vivió con nosotros muchos años”.

En 1912 Don Hipólito Irigoyen visitó Córdoba como jefe de la nueva fuerza política que había tenido su comienzo en la Revolución del 90: La Unión Cívica, luego le agregaron Radical. El nuevo movimiento de reparación nacional adquiría fuerza y penetraba en los hombres consustanciados con un ideal auténticamente argentinista. Los humildes veían un horizonte esperanzador. Los serranos, formados por el Padre Brochero, querían hablar con Irigoyen y fueron a ver a su querido sacerdote y maestro para pedir su consejo y rogarle que los acompañara. El Padre Brochero ya estaba enfermo de lepra y casi ciego  sin embargo no podía dejar a sus hijos espirituales, y haciendo un gran esfuerzo fue con sus amigos. Irigoyen lo abrazó muy emocionado y le dijo a Brochero palabras de aliento. Salió de la entrevista apoyado en su bastón, sus ojos ciegos con lagrimas y repitiendo: “Es un gran hombre!”.  Irigoyen sabía muy bien quien era Brochero, pues los diarios principales del país editaban notas acerca de su personalidad y sus numerosas obras de bien para los olvidados serranos y de varias provincias. Se despidió de sus amigos y les anticipó que iría de nuevo a Tránsito a vivir sus últimos días. Y así lo hizo en una pieza de la casa de su hermana Juana Aurora. En 1913 avanzó su enfermedad. Sin embargo todos los días celebraba la Santa Misa en su habitación, rezando de memoria la Misa de la Virgen María.

Visitaba siempre a los enfermos y también a los leprosos de la zona. Había un leproso de mal genio, blasfemaba y nadie se acercaba a él. Entonces el Padre Brochero se acercó a este leproso, le daba la comida, lo aseaba, tomaba mate con él. Su misma sobrina le decía que no fuera, y él respondía: “El alma no vale nada, no importa?”. Y seguía atendiéndolo. Lo transformó en un manso cordero y se confesó con el Padre. Murió santamente recibiendo todos los sacramentos. Así fue como contrajo su enfermedad que soportó cristianamente, agradeciendo a Dios. Fue un verdadero mártir de la caridad!

El 26 de enero de 1914 el Padre Brochero se sintió muy mal, se levantó y se sentó en una silla. Una chica de la casa lo vio y avisó a la familia que el señor Cura Brochero estaba como agonizando.  Lo recostaron en la cama. Él pedía el Rosario y el Breviario y repetía la jaculatoria: “Jesús, José y María, sed la salvación del alma mía”. Y apretando su Crucifijo entre sus manos, decía: “Yo me fío de la Misericordia de Dios. Cristo lavó mis pecados en Su Sangre”. A las 8 de  la noche de aquel 26 de enero entregaba su alma al Señor

Y así se extinguió la vida mortal de este sacerdote en el abandono humano, por el Amor que Cristo había infundido en su vida y acrisolando su corazón sacerdotal para el encuentro definitivo.
La belleza de la pérdida de un grande, está en que nos deja algo nuevo. Brochero fue un fiel apóstol de Cristo y un gran visionario que supo lo que hoy necesitan la Iglesia y la Patria. Se adelantó a los métodos pastorales, misioneros y sociales de entonces, buscando transmitir íntegramente el mensaje del Amor de Cristo. Su abrazo secreto nos refugia y nos cuida sin que lo sepamos. Y esto ocurre porque su memoria proporciona fortaleza y mística en Cristo Crucificado y en la Patria. Y así, su ausencia es real y sutil, pero cercana, para decirnos que las miserias humanas y espirituales se superan con humildad y Amor!.

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