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May 08

Un pueblo que brota 200 años después

En La Cruz, Corrientes, están encontrando casi a diario vestigios jesuítico guaraníes de hace tres siglos. Creían en túneles y terminaron hallando una virgen, hornos, sepulturas, tejas y pisosverimgverimg (1)

Por: Mauro Parrotta

Aguapey.La Cruz,08.05.2016. En poco más de diez años, un puñado de personas de este pequeño y coqueto pueblo correntino empezó a darse cuenta que podía demostrar claramente que debajo de sus pies está aflorando, casi como por sí sola, una de las tantas comunidades jesuíticas que se extendieron por estas tierras hace casi 400 años y que ahora son dos provincias argentinas distintas, pero con un fuerte lazo que las une en la denominada Nación Misionera.
El pueblo de La Cruz está ubicado a 257 kilómetros de Posadas, poco después hacia el sur de la creciente Santo Tomé y, como varias localidades misioneras, está recostado sobre el río Uruguay, que en ese punto parece ser más ancho que en todo su cauce.
“Siempre estuvo el rumor que había un túnel y que debía estar cerca de la iglesia, eso siempre estuvo en la boca de la gente, hasta que un día empezó a darse todo”, relató a El Territorio Tape Manuel Córdoba, un apasionado cruceño sobre cómo tanto él como otros entusiastas por la historia, fueron armando el rompecabezas de su propio pueblo.
Córdoba es un empleado municipal y casi sin querer se fue comprometiendo con la causa de darle definitivamente la identidad a La Cruz, para ser parte del corredor jesuítico guaraní y así poder integrarla a las distintas planificaciones a futuro y potenciarla mediante el turismo religioso y lograr que las personas entren al pueblo y no sigan de largo por la ruta nacional 14.
Tres años antes de entrar al nuevo siglo, el pequeño pueblo de La Cruz, actualmente con quince mil habitantes, estaba iniciando el necesario paso sanitario de crear la red cloacal y el casco histórico de la localidad, fue en donde las máquinas empezaron a excavar las arenosas calles.
“Así fue, con las obras cloacales empezaron a darse los hallazgos y a darnos cuenta que estamos arriba de la propia reducción, del patio central, de las casas de los curas jesuitas y de las viviendas que había para los guaraníes”, dice con precisión Tape, el hombre que tiene como nombre uno de los apodos más comunes que hay por estos lares del mundo.

Muchos vestigios, ningún túnel


Los túneles siempre fueron la búsqueda de todo interesado en conocer el pasado jesuita. Se aseguraba y se asegura que fueron construidos en las distintas comunidades como el método más seguro para escapar de los portugueses o uruguayos que asolaban estas tierras y perseguían la expulsión de los jesuitas. 
“Acá no encontramos ningún túnel, pero sí muchos vestigios y realmente el paso clave para estar más seguros y sobre todo bien ubicados, fue el hecho de obtener nada menos que dos inventarios escritos a mano por los propios jesuitas en los años 1768 y 1784”, apuntó Córdoba, que junto al viceintendente de La Cruz, Luis Calomarde, saben que ahora necesitan imperiosamente de créditos internacionales y al parecer ya están iniciadas las gestiones. 
Por lo pronto, deben seguir reconstruyendo o revalorizando lo que hace 200 años quedó destruido y hasta convertido en cenizas, aunque eso también está entre las piezas rescatadas no hace muchos años atrás.
“Fue Emilio Elizalde que encontró esos inventarios de entre los archivos de la Nación en el año 2003 y realmente con esos documentos en nuestras manos, ahí sí empezamos a armar el rompecabezas”, enfatizó Tape. Además, debió hacer un apartado trágico sobre otro de los colaboradores que hicieron posible el avance de los rescates, quien -recordó Tape- solía despertarlo en las madrugadas para contarle lo que debían hacer o seguir excavando. “Fue una persona increíble, muy apasionado sobre todo esto y se nos fue muy joven, con apenas 40 años sufrió un ACV y realmente fue una gran pérdida”.
Sobre el increíble hallazgo de Elizalde, sobre cómo fueron a parar esos inventarios a Buenos Aires, nadie tiene una certeza, sólo que se sabe que los jesuitas debían cada cuatro meses enviar esos informes a España para dar cuenta de cómo estaban las misiones, desde la cantidad de habitantes, casas, habitaciones, comida y las cabezas de ganado, que fue la principal actividad de los jesuitas y los guaraníes.
“Lo que encontró el maquinista cuando estaba excavando, fue un arco de material con escaleras frente al reloj de sol, en pleno casco histórico de la Cruz”, dio Córdoba, que detalló que al seguir excavando, encuentran a unos dos metros y medio de profundidad un piso propio de la época y hasta encontraron lo que creen que es el sótano en donde guardaban los alimentos.
“Esos inventarios nos da ubicaciones exactas, está todo lo que actualmente empezamos a poder rescatar y ver”, dijeron como orgullosos, quienes están al frente de continuar con la reconstrucción de aquellos años en donde todo transcurría en armonía, donde los jesuitas y los guaraníes convivían en paz y respetando las obligaciones y jerarquías impuestas como si fuera un gobierno propio e independiente.

Los grandes hallazgos


Los cruceños reconocen al padre Ramón Félix Maidana como el impulsor de esta fiebre por rescatar y revalorizar los vestigios jesuíticos.
“Él siempre decía que había que remover el piso de la actual iglesia porque debajo está el antiguo templo. Incluso cuando una baldosa se aflojaba, repetía eso de que pasa eso porque abajo hay algo”, recordó Tape, haciendo memoria al gran Félix, que se murió en el año 2006 y nada menos que un 25 de mayo. Y en la parroquia Asunción de María Santísima una placa reza: “El pueblo de La Cruz le agradece por su entrega generosa a quien con su vida contribuyó al desarrollo de la identidad cristiana y cultural de nuestra comunidad”.
En juego de fechas, el padre Mansilla nació el primero de agosto de 1917, exactamente 100 años después de haberse producido la invasión enemiga y que arrasó con la comunidad que ahora parece brotar por necesidad desde lo profundo de la tierra. Y murió un año antes de cumplir los 90.
Y el padre Mansilla no estaba equivocado. Se murió sin poder ver los avances en los hallazgos, pero él había adelantado que hay que buscar en la iglesia, porque debajo del actual altar (que data de 1875), está el templo de los jesuitas.
Mucho años después de que por las obras cloacales se encontraran con los primeros grandes hallazgos, entre los años 2005 y 2006, se toparon con dos hornos para cocer tejas y ladrillos, y tal como se menciona incluso en el inventario, uno funcionaba y otro no.
Tanto Tape como el viceintendente Calomarde, relataron con especial valor que por entonces todo era de acuerdo a las medidas en varas españolas y no en metros. Razón por la cual inclusive, las cuadras del actual pueblo se rigen por esas medidas y son más cortas que la de casi toda localidad corerrentina o argentina, con 86,60 centímetros.
Esos hornos ahora están protegidos por una estructura de hierro y vidrios, para que todos puedan verlos parados en un esquina, a espaldas de la parroquia. Cinco años después, en La Cruz, se hablaría de otro gran hallazgo./EnviadosEspeciales-diarioElTerritorio

Por Mauro Parrotta
miparrotta@hotmail.com

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