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Ago 10

Vaticano El ‘no’ rotundo del Papa a la pena de muerte.

Aguapey VATICANO 09 08 2018 El papa Francisco inscribió, el jueves 2 de agosto, en el Catecismo de la Iglesia católica, una oposición categórica a la pena de muerte, considerada “inadmisible”.

Desea que la Iglesia se comprometa “con determinación” a abolirla en todo el mundo.
Nadie lo ignora. La Iglesia católica es decididamente “provida”. Pero, si bien no admite ninguna excepción para el comienzo de la vida, seguía mostrando, hasta el jueves 2 de agosto, algunas ambigüedades en cuanto a su fin. Así, el Catecismo de la Iglesia Católica permitía todavía el recurso a la pena de muerte, “si este es el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas” (artículo 2.267). En su versión corregida de 1997, el Catecismo precisaba, sin embargo, que estos “casos de absoluta necesidad” son ahora “bastante raros, incluso, prácticamente inexistentes”.

El papa Francisco fue más lejos el jueves 2 de agosto, aprobando una nueva modificación del Catecismo que califica de “inadmisible” la pena de muerte. “La Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que “la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona” y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo”, puede leerse en el texto modificado del artículo 2.267.

Anunciada el 11 de octubre, durante una conferencia organizada en Roma por el 25 aniversario de la primera publicación del Catecismo en 1992, esta modificación permite tener en cuenta, en la doctrina, los esfuerzos repetidos de Juan Pablo II y después, de Benedicto XVI, para hacer evolucionar la visión de la Iglesia sobre este tema. En una carta a los obispos, también publicada ayer, el cardenal Luis Ladaria Ferrer, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, explica cómo estas palabras “no están en contradicción con las enseñanzas anteriores” del Magisterio. “Esta decisión es, precisamente, un ejemplo de que el Papa actual no tiene miedo de hacer evolucionar la doctrina”, destaca el teólogo holandés Hendro Munsterman.

“Es un paso muy importante, ¡llevábamos esperándolo mucho tiempo!”

Este especialista destaca también que la modificación del artículo 2.267 no se basa tanto en los avances exegéticos o teológicos como en “una concienciación que viene del interior de nuestra sociedad, y que no necesita a Dios para considerarse humanista”. Se puede leer, en efecto, en el artículo modificado: “Hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves”. También se precisa que se han implementado “sistemas de detención más eficaces”, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos salvaguardando la vida del culpable.

“Es un paso muy importante, ¡llevábamos esperándolo mucho tiempo!”, se alegra Bernadette Forhan, presidenta de ACAT Francia (Acción de los Cristianos para la Abolición de la Tortura). Así, modificado, el Catecismo podría constituir una “autoridad moral” ofreciendo más legitimidad al discurso abolicionista de su asociación. “Cuando realizamos intervenciones en las iglesias, solemos escuchar a los parroquianos decir que habría que, en algunos casos, volver a la pena de muerte… Este tipo de discurso ha adquirido cierta amplitud, especialmente después de los atentados”, dice.

En cuanto a los demás países del mundo (todavía son 57 los que aplican la pena de muerte), Bernadette Forhan quiere creer que tal cambio en la doctrina católica podría tener un impacto político. “Es mucho más importante ahora que hay varios países que consideran volver atrás en este asunto”, explica. “En Filipinas, por ejemplo, el presidente Rodrigo Duterte quiere restablecer la pena de muerte para los traficantes de droga… Ahora se le podrá decir: usted, que pertenece a un país católico, ¡va en contra del Catecismo!”

“Jesús da siempre una oportunidad a cada persona”

“La pena de muerte y su lógica de retribución no son compatibles con el Evangelio”, sostenía ya en octubre Mons. Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo y presidente de la COMECE (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea). “Jesús siempre da una oportunidad a cada persona. Este amor infinito de Dios da a cada individuo una dignidad que ningún crimen podría arrebatar”.

En el pasado, la Iglesia desconfió de los movimientos abolicionistas surgidos en el siglo XVIII. Los consideraba una concesión a la filosofía de la Ilustración, opuesta a la tradición cristiana. Pero en 1969, es decir, doce años antes que Francia, el Estado del Vaticano abolió la pena capital, y todas las declaraciones oficiales de la Santa Sede muestran, desde hace más de veinte años, un rechazo muy claro del uso de esta sentencia.

Mélinée Le Priol. La Croix

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