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Abr 18

Viernes Santo: Día de sufrimiento.

Aguapey.CORRIENTES,18.04.2019.He aquí el día privado de Gracia, el día del sufrimiento injustificable. Un texto de Nathalie Nabert, antigua decana de la Facultad de Letras del Instituto Católico de París.

He aquí el día en el que la pobreza se abate sobre la humanidad con el rostro humillado del siervo que sufre: «Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca» (Isaías 53, 6-7). Isaías describe en este texto, dos veces, la inmensidad de la desgracia: «en el cuerpo lanudo del cordero sacrificado y en el luto del amor, la belleza y la bondad que desfiguran al siervo. Toda promesa divina es devuelta, destruida en este paso hacia las tinieblas. Y nosotros morimos dos veces, con Cristo a manos de los esquiladores y con nuestro prójimo, olvidado en la noche de su desgracia».

A los pies de la cruz

Toda la humanidad doliente se reúne allí, en esta negación del ser y de su naturaleza divina, que refleja, también, las tres negaciones de Pedro: «No lo soy» (Juan 18, 17), como también nuestras negaciones, que van y vienen como las migraciones de primavera e invierno, a merced de nuestra inconstancia, nuestras alegrías y nuestras pruebas. Entonces, nos quedamos imperfectos, a los pies de la cruz, como niños malcriados, en el corazón de este Viernes Santo. Y Aquel que viene a nosotros nos lleva en sus miembros doloridos, invadido por esta sed inextinguible del abandono y del miedo que nada puede consolar.

Y al entregarse totalmente, es el todo del don «y se abandona a ser el trigo de Dios», «molido por los dientes de las bestias para ser un pan puro» que «recibe la luz pura», como evocaba Ignacio de Antioquía en su Carta a las Iglesias de Roma en el camino a su martirio. Y en los gestos de los hombres que acompañan los últimos momentos de Cristo en la cruz, algo imperceptible aparece bajo el endurecimiento de los corazones y la pequeñez de las inteligencias, el desencanto de la esperanza y la absoluta desnudez de la noche de la muerte de Dios, por la que hay que pasar para entrar en el tiempo del cumplimiento.

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